sábado, 1 de junio de 2013

Bacanica



En su oficina en Puerto Galván, un secretario del Ferrrocarril Buenos Aires al Pacífico escribe los datos de un peón de cabrestante que acaba de ingresar y anota: Septimo Pasqua, nacido en 1872, Bacanica, Italia.

¿Qué lugar es ese? Nosotros sabemos ahora que se trata de Pagánica, ciudad del Abruzzo.

¿Por qué el amanuense escribió así ese nombre? Probablemente porque escribió lo que escuchó, en castellano. Porque no podía (o no quería, sentía que no tenía por qué hacerlo) reconocer el modo en que la "g" se pronuncia en italiano o en sus variantes dialectales: la fuerza con la que el señor Pasqua cerró el velo de su paladar al pronunciar (en italiano) la "g", convenció al secretario que se trataba de una "c"; y algo similar sucedió con la "P" inicial, una bilabial tan débil a sus oídos que solo podía ser reconocida como una "B".

Había miles de trabajadores italianos en el ferrocarril y en el puerto. Y sin embargo, ¿Por qué esa persona que ejercía un poder, el de escribir, el de registrar, no podía, no quería o sentía que no tenía por qué saber italiano ?

Es que el amanuense ha ido a la escuela, naturalmente a la escuela argentina, y por lo tanto escribe "correctamente", con una bella caligrafía, en castellano -el "idioma nacional"-, no importa cuál haya sido su propio origen o el de su familia. Durante esas primeras décadas del siglo XX la escuela argentina imponía -gracias a una política articulada con gran precisión, la de la José María Ramos Mejía y su "educación patriótica" - no solamente el conocimiento de la gramática y la sintaxis, del vocabulario y la expresión, sino también la normalización de la pronunciación, y por consiguiente, la valoración de un cierto modo de hablar en detrimento de otros: en detrimento, justamente de las marcas que las lenguas de los inmigrantes podían llegar a dejar en la lengua local: del español castizo, de cualquiera de las variedades dialectales italianas, y cualquier otra, en realidad.

Los nombres -y en buena medida, también los apellidos- se castellanizan: Giovanni, Giulio, Giuseppe, Settimo, se transforman en Juan, Julio, José y Séptimo. No solamente tendrán que hacer el esfuerzo de aprender su nuevo nombre, sino además el de aprender a pronunciar una letra que no forma parte del sistema fonológico de la propia lengua, la "jota". Pero "hacerse la América", "progresar" en este lugar, por aquellos años, sólo era posible de ese modo: a quien hablaba y escribía bien el castellano se le abrían las puertas para acceder a puestos de trabajo mucho mejor remunerados, y así, las de una sociedad que había hecho propio ese sutil criterio de discriminación. Por eso nadie se cuestionó hacer lo que sea para aprender el castellano lo más rápido posible, para borrar la entonación y los rasgos "marcados" en la articulación de las palabras.

Otro es el caso del inglés y el francés que eran valorados no como lenguas inmigratorias, sino como lenguas de cultura y de prestigio.

Y quiénes eran esos que tenían el poder de abrir las puertas de los mejores puestos de trabajo, las del ascenso social? ¿Con quién se encontraban los inmigrantes al llegar? Los criollos, dicen algunos. Sí, por supuesto. Pero, ¿de dónde salieron esos criollos? ¿Eran "nativos"? Había un porcentaje de población indígena en la ciudad pero con toda seguridad podemos afirmar que no eran ellos justamente quienes tenían ese poder. La mayor parte de esos "criollos", eran hijos de inmigrantes (ya sea de otras ciudades del país, o de extranjeros) ya escolarizados, ya asimilados, y por lo tanto, "argentinos".

El esfuerzo del Estado estaba enfocado en esto: en 1916 hay en Bahía Blanca 66 escuelas (públicas y privadas) dependientes del Consejo Escolar Provincial, con una matrícula de 10.955 alumnos y 273 maestros. En 1927, había 68 escuelas, 468 maestros y 13.169 alumnos que recibían educación primaria. Las maestras enseñaban y corregían, y felicitaban calurosamente a los niños que más y mejor aprendían, desaprobaban los "errores" producidos por la interferencia lingüística (tragarse las "s" finales o un grupo consonántico como "ct", decir "me se" en lugar de "se me cayó", o "voy del dotor" en vez de "voy a lo del doctor", ponerle artículo a los nombres propios...), actitud de reprobación y de subestimación incluso, que muchas veces era adoptada también por los otros niños... La presión por salir de esa situación de inferioridad propia del inmigrado (y especialmente de quienes conocían solo el propio dialecto) induce el deseo de aprender también en los adultos, y por eso muchos inmigrantes leen en castellano (pienso en la cantidad de diarios y periódicos que se publicaban y se vendían en Bahía Blanca a hasta mediados de siglo; pienso en una mujer como Rosa Segatta que lee lo que le caiga a la mano, a fines de los años 20; y en Julio Grosselli que mientras hace guardias en la usina eléctrica, a fines de los años 40 devora novelas de Corín Tellado).

Recién en estos últimos 25 años se inició el proceso inverso de valoración y estimación del estudio del italiano, lengua que la mayor parte de los descendientes de italianos  ha estudiado como una lengua extranjera (salvo -en algunos casos y con varias salvedades- los hijos de los que llegaron en los años 50). (1)

Del shock que tiene que haber provocado en los inmigrantes esta presión y este esfuerzo por aprender otro idioma, y asimilarse, es algo de lo que no se suele hablar, todavía.

Yo siento la necesidad -imperiosa- de conocer este proceso de configuración de la identidad de los inmigrantes italianos en este lugar del mundo, y la de sus hijos y nietos, para poder sobrevivir a la avalancha de eslogans basados en clishes quasi-publicitarios, y de fantásticas-fantasiosas versiones retrospectivas del pasado, que demuestran una determinada voluntad por inventar y consolidar una identidad y un sentido de pertenencia fuertes, pero, paradójicamente, a partir del desconocimiento de la historia. Proyectar hacia los argentinos descendientes de italianos un concepto general y abstracto de "italiani all'estero", sin tener en cuenta estas experiencias concretas, puede llegar a generar equívocos, desencuentros y perplejidades entre quienes desean -sin duda con las mejores intenciones-, actuar e influir en la realidad presente.

Indispensable para reflexionar sobre todo esto es el libro de Angela Di Tullio, Políticas lingüísticas e inmigración: el caso argentino, Eudeba, Bs As., 2011. (Hay muchos más, y seguiremos buscando; además, acá en Bahía en la universidad hay varias personas que estudian estos temas...  si alguien tiene otros títulos para recomendar, o trabajos propios para que podamos leer, bienvenidos).


(1) Puedo decir esto con conocimiento porque me desempeño, desde el año 1986, como profesora de italiano.


lunes, 8 de abril de 2013

¿Se puede usar la palabra "colectividad" para hablar de la inmigración italiana en Bahía Blanca?



Leo en un reciente trabajo sobre historia de Bahia Blanca  "tensiones entre colectividades y nativos a principios de siglo XX" en Bahía Blanca. Algo me hace ruido. En ese contexto, nativos no son "indígenas", pueblos originarios sino "criollos", los nacidos en la ciudad antes de que lleguen los inmigrantes.
Hay una cuestión, sin embargo que no se puede obviar: tal como  señala Angela Di Tullio, Políticas lingüísticas e inmigración: el caso argentino, Eudeba, 2011) el objetivo expreso del Estado argentino a partir de 1880 y en particular después de 1910 fue inhibir el mantenimiento de las lenguas inmigratorias, propiciando desde la mas tierna infancia de los niños inmigrantes y de los hijos de los inmigrantes la asimilación concreta a la cultura receptora: hablar castellano y sentirse argentinos.
Por cuestiones culturales de prestigio y sobre todo de ascenso social fueron muchas veces los propios padres inmigrantes quienes desalentaron en sus hijos el aprendizaje de la lengua extranjera. La lengua de obreros, peones, recién llegados resulta objeto de burla en la escuela no solo para gente de apellido español, sino también  para hijos argentinos de italianos llegados antes y que se pueden jactarse de un rápido aprendizaje de la lengua local (y todo lo que conlleva el idioma) De hecho con el italiano sabemos -por experiencia- que ya en la primera generación de descendientes prácticamente el italiano no se habla y apenas se comprende.
Ahora bien, ¿es legítimo utilizar el término colectividad para hacer referencia a la inmigración italiana? Yo no estoy tan segura, porque al menos en el uso especifico que se da al término en nuestro medio, la palabra colectividad alude a un conjunto a una comunidad que se distingue de otras por su identificación con una determinada lengua, determinadas costumbres, prácticas, y sobre todo un sentido de pertenencia.
Las asociaciones nutrieron sus comisiones directivas con italianos recién llegados a lo largo de los años. Pero indefectiblemente sus hijos se vuelven argentinos, y a fondo. Sin embargo, tengo la impresión de que -mediante un sutil deslizamiento - cuando se habla de los monumentos en realidad al decir "colectividad" a lo que se alude es a esas instituciones, y no a una comunidad compacta con una activa participación en esas organizaciones.
En los últimos veinte años en Bahía Blanca las asociaciones regionales han hecho un notable esfuerzo por reflotar ese sentimiento, la concesión de la doble ciudadanía a los descendientes de italianos y el voto a los descendientes de italianos en el exterior parece haber impulsado una "naturalización" en el uso del termino, como si esa identificación hubiera sido constante a lo largo de todo el siglo XX.

El caso de la colectividad judía es el contraejemplo en el que me baso para pensar esto, claramente estudiada -y partiendo justamente de esta definición de colectividad -  en ese mismo libro:


Si bien las asociaciones étnicas eran de composición
policlasista, éstas han sido identificadas con lo que se
ha denominado “cultura de clase media”. Diversos estudios
empíricos han corroborado que por más populares
que hayan sido sus mecanismos de reclutamiento de dirigentes
y adherentes, raramente integraba los elementos
más marginales de su propio origen, ya sea por el
desinterés o la incapacidad de éstos últimos para solventar
las elementales cuotas sociales, además de los
requisitos estatutarios de demostrar estabilidad laboral
mediante el ejercicio de una ocupación “honesta” (Luigi
y Bernasconi, 1993: 235).

sábado, 18 de agosto de 2012

Francesco Cervello: "Yo cuando vine de Italia estaba todo blanquito"

Ana Miravalles, Francesco Cervello y la hija de Graziano Iozzo, el 11 de febrero de 2007


Esta entrevista se hizo en la casa de Graziano Iozzo, el 24 de enero de 2006.

Francesco Cervello, 1928 Catanzaro

¿Cómo llego usted?
Yo vine como todos los inmigrantes, llegué a Buenos Aires el 7 de diciembre de 1947, estuve 2 días en Buenos Aires, después el 9 llegue acá, de mi tio,  en Ing.White, en la calle Islas Orcadas 563, y estuve ahí, llegué el 10, el 13 me llevó, me acompañó donde estaba la oficina Vias y Obras, mi tío, dice: si, hay trabajo, es en la playa [ferroviaria] de White.

El pistolín
Al día siguiente, el día 13 de diciembre me presenté en la playa que está frente a la superintendencia, ahí empecé a trabajar. Me dieron naturalmente una maza que pesaba diez, quince quilos, una pala, una horquilla, la zorra de mano, y había que arreglar todas la vías porque había vías que se caían, que se hundían en la tierra, había que levantarlas, con los gatos las levantábamos.

... entonces la primer cosa que tuve, la desilusión, porque yo estaba blanquito cuando vine de Italia, era el mes de noviembre, yo no había trabajado, en el verano yo tocaba la banda, la música, no había tomado sol, era blanquito, y en la playa de maniobras de White, se imagina, el 13 de diciembre, una calor, porque ahora, ahora dice que hay calor pero no hace calor, (conste que esta entrevista se desarrolla un día de 41ºC) ahora, antes te quemabas vivo, te quemabas, vos. Y, empecé a cambiar la piel, y el capataz mío me decía:
pero ¿cómo?, dice, no sos un italiano de esos que vienen a trabajar fuerte, dice, ¿y qué hacías en tu Italia?
no, yo tocaba en la banda,...
- Ah, ¿qué tocaba? ¿el pistolin? 

El pistolín, bueno, con eso empezaron todos, todo el mundo a llamarme pistolín,

¿Qué era el pistolin?
La corneta, la flauta, eso strmento a aire, de bronce, hay la corneta, el pistolín, es el instrumento ideal para una banda, y había un chileno, el pistolín, el pistolín y yo pasaba muerto calor con una palada de tierra, eh pistolin, dai dai, bueno entonces le digo al Nicola, el cuñado, le digo che, me está cargando todos los día pistolín, pistolín, ay, digo no lo soporto mas a este chileno. Sabés lo que tenés que hacer? mirá qué consejos que me daba, cuando se descuida, agarra la pala y dale con la pala, yo como un imbecil, como un estupido, el pistolin, el pistolín,digo, le pego, cuando pase con la pala vacía, había tomado todas las medida, digo le corto la cabeza, pero el chileno se dio cuenta, levantó el brazo, y le pegué en el brazo la pala, el capataz vio, en dos segundos, había 20 policías,  alrededor mio, el capataz, no, lléveselo, lléveselo, no lo quiero ver a este, a este no lo quiero ver, a este muchacho lo vuelve loco, todos los días pistolín, pistolín, lo vuelve loco, llevetelo, y agarra y al chileno se lo llevaron. Yo seguí trabajando, me quería mucho, pero yo hacía mas de lo que podía,  esa era la fuerza mía,

De paso yo le decía a mi tío: yo quiero aprender, yo quiero aprender. Como llegaba a la casa ahí, mi tío había hecho una pizarra y empezaba, cuando no era mi tío era mi primo, cuando no era mi primo algún otro; el 20 de junio yo había solicitado para entrar en el galpón de máquinas, entonces del galpón de máquinas me llaman a la superintendencia para rendir exámen, éramos 34 ese día que íbamos a entrar, teníamos que hacer un dictado de 250 palabras escritas y 4 operaciones, los ingleses [los ferrocarriles son nacionalizados en marzo de 1948] no perdonaban, mi tío me había preparado, yo escribía...

Usted con el idioma se arreglaba
Si, yo le digo, yo en diciembre, enero febrero, marzo abril, mayo,  junio siete meses, yo escribía correctamente, gracias a los maestros que tenía, así que yo fui: éramos 34,  ta,ta ta ta ta ta, yo le pregunté:
las operaciones las quiere con prueba o sin prueba, con prueba, yo le hice las cuatro operaciones, 

La estiba de cereal en el puerto de Ing. White
Pero el trabajo mas malo que vi en mi vida, yo hice trabajo de toda clase, fue palear trigo en la estiba en la bodega. ah eso, la bodega es como esta pieza, corre trigo permanentemente, ese trigo viene con tierra, con toda clase de impureza, entonces vos estas abajo y con la pala, hay que desparramar el trigo en la bodega, 30 metros de largo para allá, 30 metros de largo para acá, entonces, se no, el trigo se amontona todo en el medio, entonces con la pala había que desparramarlo, eso si trabajamos seis horas, pero le juro le juro, que cuando terminaba  las seis horas, te pagaban bien, eh.

El primer día, cuando yo vi el aire a las 11 de la noche, había entrado a las seis, yo escupía sangre tierra, llego al empedrado, al negocio que estaba en la esquina, como llego ahí, una cerveza de un litro, lo destape, otra cerveza, y me fui porque yo vivía vio la estación de Garro, yo vivía justo enfrente, y llegue a mi casa, y mi señora me dice:
-¿qué te pasa?
- nada, estoy escupiendo sangre, 

Pero ya la primera cerveza había lavado un poco. No hay ventilación, no hay nada, no hay nada yo tampoco estaba prevenido, porque había gente que tenía una toalla arriba de la boca, pero como yo era la primera vez yo me fui en camiseta.

En el video el primero que habla es Graziano Iozzo, amigo de Cervello. Luego, se oye a Cervello: "el trabajo más malo que vi en mi vida..."
Las imágenes y el audio fueron editadas en 2006 por Nicolás Testoni  para Ferrowhite / Museo Taller.



El Mecánico Argentino - Iozzo, Cervello - La estiba from Ferrowhite on Vimeo.

viernes, 27 de julio de 2012

Adriana Blasoni





Me llamo Adriana porque nací en un lugar cerca del mar Adriático, en el Friuli,  el 18 de enero de 1926. Llegué a la Argentina a los 4 años, en el barco Giulio Cesare, en 1930. En esa época era un nombre raro, después empezó a haber Adrianas por todos lados...

Canciones de montaña en Bahía Blanca


Adriana from Ana Miravalles on Vimeo.
edición de video: Nicolas Testoni

Ahi estaba el hospital de los Blandengues, por eso la calle Blandengues se llama así, eso nadie lo sabe. Por eso la casa era incómoda porque era... la habían transformado en casa pero tenía todas las piezas  una detrás de otra, entonces para pasar por una tenías que pasar por todas. Bueno, despues había un lugar común pero era incómoda, sí, ahí vivimos treinta años, por qué? porque mi mamá que venía de las montañas, extrañaba un lugar de bosques, imaginate lo que era Bahía en esa época, tenía árboles, muchos árboles en el patio, eso...

...
Qué se yo, tantas, para decirte las más conocidas: Sul ponte di Bassano, Stelutis alpinis, la Valsugana, para colmo mi papá había conseguido un libro, entonces las tocábamos con el piano, y las cantábamos...

A ver te canto la canción típica del pueblo de mi mamá:
En la zona de la Carnia, en la Valcalda, el pueblo, Ravascletto

Quan ch'o lavi su pa Valcjalda, joi
Cu la strezza par davour
mi clamavin "Valda, Valda, joi"
speranzona dal gno cour
joi, joi, tran, la la lin, la le le
joi, joi, tran, la la lin, la le le (1)

...
Ahhh... el que me encantaba era el himno de los esquiadores. Lo malo es que como eran canciones, aunque fueran buenas, como eran canciones del fascismo, como esta de los esquiadores, nada que ver con el fascismo como canción, entonces las radiaron
No me acuerdo la letra

Sui lucenti e tersi campi
Del nevaio sconfinato,
Sorridenti al nostro fato
Noi corriam senza timor...
Conosciamo ogni periglio
Dell'altezze conquistate
E fra nembi e nevicate
Raddoppiamo il nostro ardor.
Per chine rapide, vertiginose
Cantando scivola lo sciator...
Dei pini il fremito
L'azzurro del cielo
A noi riempie di gioia il cor (2)

....................................................................................................................................................

Adriana en el castillo de la usina

Papá era ingeniero, había venido solo dos años antes, en 1928, y había conseguido trabajo en una compañía suiza, la Italo-Argentina de electricidad primero en Buenos Aires. Después lo trasladaron a Bahía porque justo se estaba por inaugurar la nueva usina.

El padre de Adriana era el ingeniero Fracesco Blasoni. Adriana recuerda que de chica iba con su padre y su hermana a la usina Gral. San Martín, el castillo que está en Ingeniero White:

El jefe de máquinas era el famoso espía, que yo lo conocí pero no conocí a la familia, que vivían ahí en esa casa tan linda, y era un muy buen jefe de máquinas. La sala principal de máquinas parecía un salón de baile porque las baldosas eran de cerámica, que era una novedad, no había baldosas de cerámica todavía en la Argentina, no sé, o no eran comunes, y la cerámica tiene la particularidad de que no absorbe la grasa, como las máquinas esas ensuciaban... pero vos ibas ahi y era un espejo. Podía entrar ahí, con mi papá... las veces que habremos ido ahí, él nos dejaba jugar donde está el San Jorge, en el corredor, de acá para allá, en el balcón, que ahora está feo, porque está como tapado. Corríamos...

La madre de Adriana, Egle De Crignis

La madre de Adriana se llamaba Egle De Crignis, era friulana como su marido, pero de la zona de Carnia:

Mi papá hablaba los dos dialectos, pero como mi mamá no hablaba exactamente el friulano....
Sí, mi mamá lo hablaba el friulano, pero no lo hablaba con desenvoltura, entonces entre ellos hablan en italiano.

Egle había estudiado Filosofía y Letras en la Universitá di Firenze, y trajo consigo buena parte de sus libros.
Sin embargo, murió muy joven, cuando Adriana tenía 15 años.

Adriana, maestra de escuela pública

Adriana fue al colegio María Auxiliadora, se recibio de maestra, y trabajó hasta su jubilación, en 1971, como maestra en la escuela que funcionaba en el Hospital Penna. Esa escuela había sido fundada por Avanza, y la llevaron adelante, durante muchos años, la directora, que se llamaba Lila Canessa, Adriana y otra maestra de apellido Verdichevsky. Trabajan con enfermos, con chicos tuberculosos que no podían ir a la escuela, que estaban durante mucho tiempo postrados. Para ellos la maestra y sus clases eran lo más emocionante de sus días, por eso se aferraban a ella, te adoraban.

Adriana, insegnante d'italiano



Adriana es LA PROFESORA de italiano en Bahía Blanca. Nadie dio clase durante tantos años: entre 1957 y1992, todos quienes hemos estudiado italiano, muchos de los que ahora enseñamos italiano en Bahía Blanca hemos estudiado con ella, hemos leído a San Francesco d'Assisi, Dante y Petrarca, a Boiardo y Ariosto, nos hemos enamorado de la pintura de Fra Angelico, Simone Martini y Giotto, y hemos tratado de descifrar hasta sus últimos detalles la bóveda de la capilla Sixtina, por poner solamente algún ejemplo. Libros con bellisimas ilustraciones, diapositivas, y la propia pasión por lo que enseñaba han sido sus recursos más eficaces; y una dedicación que iba desde entregarnos cada todos los textos que leíamos cuidadosamente mecanografiados y con copia para cada uno (solo a fines de los ochenta se generaliza el uso de las fotocopias) hasta la minuciosa lectura y corrección de cada uno de los trabajos escritos que semanalmente le entregábamos.

Le pregunto por qué la mayor parte de los italianos que vivían acá no les enseñaban su idioma a sus hijos ni los mandaban a estudiarlo. No les enseñaban italiano, dice, por tres razones: primero, porque no se entendían entre ellos, después porque pensaban que si los chicos hablaban en italiano no iban a aprender el castellano, y otra razón era que medio les daba...medio como un... no era racismo pero como que... quedaba mal.

Un alumno mío particular, un nene venía a casa, pero el libro de italiano lo tenía escondido porque si no, los compañeros del colegio se burlaban, porque estudiaba italiano, ¡una cosa tan ridícula!

Adriana estudió en Córdoba el profesorado y el traductorado de italiano, porque se podía hacer libre, y se recibió en 1955. Cuando se enteraron en el consulado, la invitaron a dar clase en la Sociedad  Italiana. Daban clase a adultos, y aunque cobraban poco la sede de la sociedad Italiana en la calle Blandengues, había gente que opinaba que quedaba "lejos".

En 1959 Adriana forma parte de la comision del Instituto de Italiano de Cultura local encargada de confeccionar los programas analíticos de los cursos para poder formar docentes de italiano, con dos ciclos uno de tres años basado en la enseñanza de la lengua y otro de dos años, centrado en el estudio de la literatura y del arte italiano. A partir de 1969, cuando se constituyó la Asociación Dante Alighieri de Bahía Blanca, se establecieron convenios con la Dante de Buenos Aires, y todos los años las profesoras participaban durante una semana de una serie de cursos de perfeccionamiento y de actualización bibliográfica. En 1967 Adriana empezó a dictar clases de italiano también en la ciudad de Punta Alta, en la Sociedad Italiana. Como docente de la Dante Alighieri dio clase en un edificio en calle Chiclana 285, en O'Higgins 449, luego en Mitre e irigoyen, en aulas alquiladas al colegio Liverpool y a partir de 1975, en las aulas cedidas por el Consulado General de Italia en Avda Colón 446. (3) Además Adriana dio durante varios años clase de italiano en Coronel Dorrego.

Adriana promeneuse

Junto a su hermana Giuliana, entre 1993 y 2003 Adriana vivió en Francia, en la localidad de Annecy. También allí dio clases de italiano, en la iglesia de los italianos, en la sacristía, una casa que daba sobre el canal y en la que había mucha humedad. Sin embargo, tal como ella misma contaba en las frecuentes cartas y postales que enviaba, desde que llegó, se integró a varios grupos de "promeneurs", caminantes organizados en grupos que recorren durante una o varias jornadas, siempre a pie, diferentes lugares y en excelente compañía.
Cuando volvió a la Argentina, despues de la muerte de su hermana, pensó en instalarse en alguna localidad cordillerana, con la esperanza de poder seguir practicando sus caminatas de manera organizada. Pero, por lo que contó, aquí grupos de caminantes como aquellos no había. Así que volvió a Bahía, donde vive desde 2005.
Ahora Adriana estudia inglés y francés, hace gimnasia y sale a caminar, naturalmente, todos los días.

Esta entrevista tuvo lugar el 12 de junio de 2012.
-----------------------------------------------------------------------------------------------------------------
(1) La canción Quan ch'o lavi su se puede escuchar también acá:
http://youtu.be/M8qV_g8oyj0%C2%A0%C2%A0%C2%A0%C2%A0
Transcribí la letra tomándola de esta página:

(2) Este que recuerda Adriana era el himno de los Alpinos Esquiadores, una división del Regimiento de los Alpinos que se formó a principios de 1900,  y que participó en la primera guerra mundial. Reorganizados formalmente a fines de la década del 30 los Alpinos Esquiadores fueron enviados a Albania (y masacrados) y luego a Rusia (de donde volvieron solamente 15). El himno de los Alpinos Esquiadores -compuesto en 1909 por el capitán Corrado Venini - está acá.  Sobre la historia de los soldados alpinos esquiadores, se puede leer acá. Cómo habrán sido usadas por la propaganda fascista las proezas de estos soldados-esquiadores y en particular, cómo habrá sido usada esa canción es algo que no -pro ahora- sabemos, pero sí les puedo asegurar que por más que busqué en youtube, no la pude encontrar!!!

"Sul quarto numero del Sosatino (1924), Ernesta Battisti, la vedova del martire presentado un primo repertorio di cantinazionali, popolari, alpini (o come si anticipava nel sommario Canti sosatini-canti trentini e canti alpini), invitava a rivivere l'identitá virtuales che nel canto si stabilisce per un attimo tra i cantori e gli 'eroi': 'Ecco tra i vostri, l'Inno degli sciatori che cantavano i nostri alpini in guerra. Sia questo il vostro inno centrale. Quando lo canterete vi rispondera in cerchio, la linea del fronte, con tutta la fede, con tutti i palpiti, con tutto il valore e la gloria del popolo italiano!"  ANTONELLI, Quinto, I dimenticati della Grande Guerra, Il Margine, Trento, 2009.

(3) La información sobre las diferentes sedes de la Dante Alighieri fue tomada de: Geremia Crocitto, Difusión de la cultura italiana en Bahía Blanca, 1911-1986, Bahía Blanca, 1986 (copia mecanografiada)

sábado, 7 de julio de 2012

Adalgisa

El 13 de marzo de 2012 fuimos con Valeria Rocco a entrevistar a Adalgisa Mezzorana, una señora friulana de 98 años que vive en Bahía Blanca desde el año 1923:

Adalgisa Mezzorana nacio el 13 de mayo de 1914 en Farra d'Isonzo en la provincia de Gorizia, en el Friuli-Venezia Giulia.  Llegó a la Argentina el 29 de noviembre de 1923 junto a su madre, Giovanna Blan, para encontrarse con su padre, Francesco, quien había emigrado un año antes. Su marido era Lazaro Tapia, suboficial demarina, que tuvo a su cargo, durante muchos años, la custodia del faro de Monte Hermoso.

Estas son algunas de las cosas que nos contó:

EL VIAJE Y LA LLEGADA A BAHIA BLANCA
Veníamos en el barco con una chica, las mellizas nos decían, y ella bajaba en Brasil, antes que nosotros, yo decía: mamá, yo quiero bajar en Brasil, porque a mí siempre me gustaron mucho las naranjas, dice mi mamá: no, tenemos que ir a Buenos Aires. Ay mirá mi amiga dice que por las calles hay árboles de naranjas, yo quiero ir a Brasil porque hay naranjas. Nos tiraban bananas, todas verdes, una porquería.
Cuando llegamos a Buenos Aires, a casa de una medio pariente pero a la vez amiga, me dice: vení afuera; en aquella época pasaban 25 bananas por dos pesos, me dice, vení vení, le pedimos 25 bananas y sobre las 25 te regalaban tres o cuatro todavía, y cuando eran maduras eran riquísimas.
Estuvimos en Buenos Aires una semana y vinimos a Bahía Blanca. Y yo decía: a mí me gusta más Buenos Aires.
Cuando llegamos acá estaban por terminar las clases, entonces teníamos unos primos lejanos donde llegamos, donde nos recibieron y había una de las chicas que me empezó a enseñar. ¡Ves esta? La sedia es silla, la mesa, tavola, qué, a la semana sabía... todo no, pero mucho, como para desplazarme sola:




EL PAPA DE ADALGISA REGRESA DE LA GUERRA (1914 - 1918)
Durante la primera guerra mundial, el padre de Adalgisa fue parte del ejército austríaco y por eso, fue llamado a las armas a fines de 1914, y enviado al frente ruso, en Polonia. Fue parte del grupo de soldados que fueron hechos prisioneros por los rusos, dispersados en territorio ruso y en 1917, reunidos por la Misión Militar Italiana en el campo de Kirsenoff,  se vieron obligados a atravesar todo el territorio siberiano en el famoso tren Transiberiano hasta Vladivostok para poder regresar -volviendo por Estados Unidos- a Italia.
El se tuvo que presentar en la municipalidad, yo tenía cuatro meses, mi hermana tres años y medio, entonces se lo llevaron y no volvió en cinco años, porque ellos lo llevaron donde quisieron y mi mamá sin noticias, cinco años sin noticias, se fue a Rusia, a Japón, a China, no se donde lo llevaron, a Norteamérica.
Volvió solo, dice que pararon en una parte donde había muchos árboles de manzanas, siempre tenían hambre, hay árboles de manzanas, vamos. Fueron, ya había uno arriba, entonces le dice el otro tenía miedo papá era bravo, le tiró una manzana, no tengas miedo, nosotros también venimos a buscar manzanas. Cuando hay hambre cualquier manzana es rica, perdé cuidado, somos igual que vos. 

cuando habia mucha nieve, que estaba en los limites con Rusia, en los mismos limites, iba entre la nieve para escaparse, nos tiran con cosas de nieve, duras como piedras, agachate en la nieve, entre la nieve, cuando te tiran se disuelve y no te hace nada.
Tenian la nariz cortada proque cuando hace mucho frio la nariz es lo primero que se quiebra no sale nada de sangre, en eso tenian que tener cuidado si le tocaban acá, se quebraban. papá contaba eso.
El llegó a mediodía, todas las mujeres esperaban si volvía el marido o no, porque muchos mueren en la guerra, estaban todas las mujeres, mi madre, mis tias, ay mira Francis, todos corrieron a la puerta de calle, mira Francis, yo ni sabia quien era Francis, me dejaron solita, y entonces mi papá pregunto por todos, preguntó por mi, se imaginaba que ya era grande, ya tenia cinco años, entonces mi mamá dice: 
- es tu papá, es tu papá, yo ni sabia, yo como si nada. El mismo día, a la noche, le dijo a mi mamá:
- me la llevo conmigo.
Allá son boliches, pero boliches buenos, dice, me la llevo conmigo. Pero cuidala, dice. Si, yo la cuido. pero papá, cuando se ponía a charlar no se fijaba, entonces, estaba ahi un hombre con un nene, el hombre puso al nene ahí, y se pusieron a hablar de la guerra, cuando papá hablaba era mas o menos como yo, no se fijaba alrededor, yo estaba sentada alrededor, mi papa tomaba vino negro nada mas, estaba ahí sentado, con su vino, y yo, nadie me habia dado nunca vino, mi papa hablaba y tomaba. 
- Yo quiero tomar un poco, le dije
sería poquita la cantidad, pero entonces vio que estabamos jugando mucho, me dijo: quedate quieta ahi, no es que me lo daba, cuando me dijo: levantate, me cai. Borracha. Me alzó, y a mitad camino, lo regué con un vómito. Cuando llegamos a casa dice le dice a mi mamá: 
- estoy todo mojado. 
Mi mama que era brava, se pelearon una pelea bárbara, la noche del día que volvió de la guerra, después de cinco años.

La peste durante la guerra
[Al oir esto no pude dejar de recordar algunos pasajes del libro I promessi sposi, de Alessandro Manzoni, capítulo 34]
... se juntan, hay epidemia, porque no tenés suficiente comida, no tenés medicamentos adecuados, y contagiosa, era una enfermedad contagiosa. Pasaban y decían: ¿hay enfermos? y mi mamá decía: no, no, están todos bien. Ellos no entraban, porque si entraban veían quien estaba. Ellos no entraban, era una cosa de todos los días nos podían y algunos decían: si. Se los llevaban y no volvían, morian en el hospital, para cortar el contagio porque si ellos no hacían eso el contagio que tenia era para todos. Que si ellos entraban y veían que habia enfermos los ponian a todos presos. pero no entraban porque no tenían tiempo, todos los días. hay enfermos, no no, estamos todos bien. Estuvimos mal, mi abuelo y yo, y nos curaron con remedios caseros, escondidos en casa, hasta que nos pusimos bien. (se refiere a la terrible epidemia de "peste española" que entre 1918 y 1919 mató millones de personas en europa)
Al terminar la entrevista, le pregunté si le hubiera gustado hacer alguna otra cosa que no hizo:

Escritora, me hubiera gustado ser, para contar todo lo que yo opino y para corregir a otros también, que no escriben bien, no es escribir bien o mal, sino la opiníón, el relato.

martes, 3 de julio de 2012

La red




Lo hemos visto en las películas: los pescadores, cuando tejen redes, cantan.

-
Juan, allá en Ponza, ¿cantaban ustedes mientras tejían?

Oi Marì, Oi Mariì,
quanto suonno che perdo pe' te.
Far m'addurmi,
abbracciato nu poco cu te!
Oi Marì, Oi Marì!



Califano canta oi mari by Ana Miravalles

Canta, y sigue tejiendo, y su canto se prolonga durante unos cuantos minutos... el ritmo y las modulaciones de la voz marcan el tiempo a la aguja, al hilo y al bastoncito que van dando forma a la red entre los dedos de su mano.


Juan, concentrado en su trabajo, explica cómo aprendió a los tres años a pescar pulpos en la isla de Ponza, y a los seis, a tejer redes, y cómo fue a buscar a su novia Rita, y el tiempo que pasó como cusiniere en uno de los barcos que, al terminar la segunda guerra, fueron a buscar prisioneros italianos a Egipto.








En un determinado momento levanta la vista, detiene su trabajo y dice: “no es difícil, venga, pruebe, así aprende”. Se pone de pie, se para a tu lado, te da algunas instrucciones... ¿no te sale? entonces te toma la mano, te desliza el hilo entre los dedos, pasa la aguja y te dice, “pruebe, pruebe de nuevo”; y mientras vos explorás por primera vez ese gesto inmemorial que él lleva grabado en su cuerpo desde los seis años, te hace comentarios sobre la calidad de los hilos que se usan ahora para las redes, la situación de la pesca en estos días en White y la forma en que corta el tejido si han salido mal algunas vueltas; y después de felicitarte calurosamente por la única vuelta que lograste hacer bien, se sienta de nuevo, agarra las tijeras y corta, para poder retomar su tejido, y su historia.




Esta entrevista fue realizada en la localidad de Ingeniero White (puerto de Bahía Blanca) el mes de noviembre de 2006 en el marco del proyecto de Teatro Documental "Nadie se despide en White", desarrollado en Ferrowhite / museo taller. El texto y las fotografías ya fueron publicados en el blog Archivo White.